Esta serie de fotografías y pequeños videos son el resultado de una relación lúdica entre la luz y yo, justo en un tiempo en el que la casa, a la que llegué, reclamaba su voz y yo reclamaba un hogar.

Todo comenzó como un juego para ver, pero no sólo para ver, sino para observar, pero no sólo para observar sino para contemplar. Contemplar y permitir hacer mío cada rincón, cada cepillo, cada taza, cada sombra, cada sorpresa que la luz tenía para mí en el momento en que solo estamos ella, la casa y yo. Documenté para atestiguar el diálogo entre la ausencia y el olvido que existía a donde llegué a vivir después de casarme. Cada sonido de la cámara significaba una respuesta al grito de silencio y deuda en el que fue abandonada.

Comencé por medio de este juego a hacer míos los rincones, las esquinas, las rutinas y aquellos objetos pasajeros y anodinos que forman parte de la que gracias a esta serie puedo sentir nuestra casa. El juego era/es simple, la luz me decía a dónde y qué mirar. Ir a dormir cada noche para despertar e imaginar de qué lado aparecerían las fotografías. Despertar y recorrer –corriendo- la casa para encontrar las sorpresas y sentir el alma de la misma, reflejo de mi propia personalidad y mirada – nostálgica-.

Descubrí un espectáculo para admirar, el cual se ha convertido en un paisaje personal.

 

                                                       Hoy esta casa es más mía que de nadie.  

 

La fugacidad, el tiempo y el olvido son tres palabras que se entrecruzan y están presentes enérgicamente en este trabajo. Lo que se ve es lo que es, sin mayores implicaciones simbólicas ni semióticas, fotografías de objetos y momentos  que no significan nada para nadie, más que para mí. Huellas diarias que todos tenemos y que cada quien decide o no contemplar.

  Conjunto de fotografías que me recuerdan que a la poesía se le puede encontrar en cualquier sitio.

 

Conjunto de fotografías que me recuerdan que el tiempo sigue pasando y todo desaparecerá.  

Mientras tanto, sigo recogiendo zapatos en mi camino, recolectando tazas y vasos que dejamos por toda la casa, disfrutando contemplar a la luz hacer lo suyo mientras me advierte que aún sigo en este mundo.